Esta semana se publicó el nuevo Modelo de Acreditación Institucional de Universidades y Escuelas de Posgrado del Coneau. En un contexto interesante, con un sistema de licenciamiento que se toma un pulso con el Ministerio de Educación, con la preocupación constante por los resultados de investigación que son polémicos debido a factores como la granja, y por último con la irrupción de la Inteligencia Artificial en todos lados. Este modelo (según sus propias palabras) recoge las principales tendencias internacionales en materia de aseguramiento de la calidad y las adapta a la realidad peruana. Además, indica que el modelo se fundamenta en una revisión comparada de agencias acreditadoras de Estados Unidos, Australia, Chile, Colombia, Ecuador y Argentina, incorporando los elementos que hoy son considerados esenciales para evaluar el desempeño de una universidad.
La acreditación institucional es una pieza importante en el marco del aseguramiento de la calidad de cada país, de hecho en algunos países se inicia el proceso con la acreditación institucional antes de la de programas.
Uno de los cambios más significativos respecto al modelo anterior es la simplificación de la arquitectura del modelo. El Coneau propone ahora 9 estándares, 68 criterios, 84 evidencias y 37 indicadores, aumentando el foco en resultados y mejora continua.
Resumen del modelo
| Componente | Cantidad | Descripción |
| Estándares | 9 | Grandes ejes que definen la calidad institucional (ej. Gestión, Formación, Investigación). |
| Criterios | 68 | Pautas específicas de evaluación dentro de cada estándar. |
| Indicadores | 37 | Medidas cuantitativas o cualitativas para valorar el nivel de logro. |
| Evidencias | 84 | Documentos, sistemas o resultados que demuestran el cumplimiento. |
Es una buena noticia la publicación de este documento, tan esperado luego de la publicación del modelo de programas y concuerda con lo publicado por Coneaces e Ipeba.
Sobre la gestión de la investigación
Ahora bien, resulta interesante que el modelo dedique un estándar específico a la gestión de la investigación (estándar 5), con 10 criterios y 12 evidencias. Pero un análisis de cada criterio hace notar que el énfasis del estándar está puesto casi exclusivamente en la investigación visto de manera académica, entendida en clave más clásica: políticas, procesos, producción, grupos, líneas y resultados de investigación, osea la I mayúscula de la conocida sigla I+D+i. El estándar menciona a la investigación, innovación y producción científica y tecnológica, pero el peso recae en la investigación como función sustantiva, sin proponer criterios específicos para desarrollo tecnológico e innovación institucional o transferida, aunque podría decir que se encuentran incluidos en los estándares 5.8 y 5.10 no son específicos.
Se puede seguir seguir midiendo a las universidades principalmente por papers, proyectos y publicaciones, pero además se puede incluir explícitamente incluir la evaluación a través de las soluciones tecnológicas, prototipos, spin-offs, patentes, plataformas digitales o innovaciones en procesos que realmente transforman sectores productivos y servicios públicos. Los actuales vicerrectorados de investigación creados a partir de la ley del 2014 (aunque creados años antes en las universidades) han crecido de manera vertiginosa en el país, la creación de incubadoras de empresas, oficinas de transferencia tecnológica, la producción de patentes internacionales, y
startups universitarias, así como emergentes parques tecnológicos requieren de un esquema de evaluación en la que se vea reflejado y pueda mejorar de manera continua.
Esperamos que las universidades puedan optar por este proceso, es una oportunidad ideal de lograr este reconocimiento y compartir sus experiencias.

