
¿Alguna vez te has preguntado qué diferencia a una institución educativa que realmente se preocupa por sus estudiantes de una que solo lo dice? En un mundo donde la calidad es la nueva moneda de cambio, las palabras ya no bastan. Se necesitan acciones, resultados y, en muchos casos, un respaldo internacional que valide el compromiso con la excelencia.
Hace unos meses, encontré una noticia que compartí en X, sobre un logro del colegio militar Elías Aguirre de Lambayeque, que no solo había obtenido la certificación ISO 9001:2015, sino que también ha dado un paso fundamental al certificarse con la ISO 21001:2018. Una noticia digna de imitar considerando la doble pertenencia de esta institución por un lado al sector Educación y por otro al sector defensa.

Lo que cerró el circulo fue que meses después, hace poco, la noticia sobre la iniciativa del Ministerio de Defensa (MINDEF) para fomentar la excelencia académica en sus instituciones, lo que implica la sensibilización a los responsables de los procesos educativos, capacitación en la norma ISO 21001:2018 y un diagnóstico situacional que permitirá determinar el nivel de cumplimiento en las instituciones educativas de las Fuerzas Armadas. Vaya noticia

Pero, ¿qué es exactamente la ISO 21001 y por qué deberíamos prestarle atención?
Durante años, la ISO 9001 ha sido el estándar global para los sistemas de gestión de la calidad. Es una norma técnica que ayuda (y sigue ayudando) a las organizaciones a garantizar que sus productos y servicios cumplen con las expectativas del cliente. Si bien es valiosa, se enfoca en la gestión de procesos generales. Por mucho tiempo ha sido adecuado, adaptado en instituciones educativos con el fin de precisar y mejorar los procesos formativos.
La ISO 21001, sin embargo, es un salto cualitativo. Es un estándar diseñado específicamente para organizaciones educativas. La Organización Internacional de Normalización (ISO) la creó para reconocer que la calidad en la educación no es lo mismo que la calidad en la manufactura o en otros servicios. Aquí, el «cliente» no es solo un comprador, sino un «estudiante o aprendiz», una persona con necesidades únicas, aspiraciones de desarrollo personal y profesional.
Este estándar nos invita a mirar más allá de los indicadores básicos y a centrarnos en lo que realmente importa:
- Enfoque en el estudiante: Se pone al estudiante en el centro de todas las decisiones. Desde el diseño del plan de estudios hasta los servicios de apoyo, todo debe estar alineado con sus necesidades y expectativas.
- Liderazgo comprometido: No basta con tener un área de calidad. La norma exige un liderazgo activo y visible que fomente una cultura de mejora continua en toda la organización.
- Procesos claros y efectivos: Se establecen mecanismos para evaluar el desempeño, medir la satisfacción de los estudiantes y docentes, y gestionar los recursos de manera eficiente.
- Innovación constante: La norma promueve la adaptabilidad a los cambios, la integración de nuevas tecnologías (como la IA y el aprendizaje adaptativo) y la actualización de metodologías de enseñanza.
La norma requiere un compromiso profundo con la autoevaluación y la mejora continua. Las instituciones que lo logran, como el Colegio Militar Elías Aguirre, no solo obtienen un sello; demuestran una capacidad para Entender y responder a las necesidades de los estudiantes, Asegurar que los procesos de enseñanza y aprendizaje son eficaces, Generar un entorno de aprendizaje seguro e inclusivo y Evaluar su propio desempeño de manera regular y transparente.

La noticia inicialmente compartida por el gobierno regional de Lambayeque deberíamos llamarnos la atención, visitar el centro y conocer del primera mano la experiencia de los directivos, docentes, padres de familia y el impacto que está logrando en la formación de los chicos, es algo que se debe y a la vista de los hechos, se puede replicar en otros centros educativos.
