¿Es posible que una universidad peruana esté acreditada por una agencia de Estados Unidos o Europa y que el Estado peruano lo valide como propio? La respuesta corta es un rotundo SI, y esto nos coloca en un particular escenario. Mientras la mayoría de países de la región y del mundo operan bajo un modelo propio nacional, donde solo vale lo que el organismo nacional dicta, el Perú desde la ley de creación del SINEACE ha propuesto trazado un camino alternativo.
Pero, ¿es esta apertura una vía rápida hacia la excelencia o un riesgo para la identidad de nuestra educación? Vamos a analizarlo.
En la mayoría de los sistemas educativos (pensemos en el modelo europeo con los marcos de la ENQA o en países vecinos de latinoamerica), la acreditación nacional es el único camino de garantía de calidad. Existen convenios de reconocimiento mutuo, claro, pero el Perú tiene un paso más allá. A través del SINEACE, nuestro sistema permite que las universidades y los programas académicos opten por agencias extranjeras y que ese sello sea reconocido oficialmente en casa.
Esto puede tener sus puntos ventajas y desventajas:
1. Los puntos a favor:
- Referentes globales: Al permitir que agencias como ABET (ingeniería) o AACSB (negocios) entren en juego, las universidades peruanas se miden con la misma vara que el MIT o Harvard. Esto eleva el estándar local y ubica a los programas en un excenario global.
- Movilidad y prestigio: Para un estudiante, graduarse de un programa con un sello internacionalmente reconocido facilita enormemente su tránsito hacia posgrados o reconocimiento de títulos en el extranjero.
- Descongestionamiento del sistema: Permite que el organismo nacional se enfoque en cerrar brechas críticas mientras las instituciones con mayor madurez buscan desafíos globales.
2. Los puntos en contra:
- El riesgo de la «burbuja»: Una acreditadora extranjera puede evaluar criterios técnicos excelentes, pero quizás no entienda la realidad social, las brechas de equidad o las necesidades territoriales específicas de una región como Huancavelica o Iquitos.
- Costos y exclusividad: Mantener estas acreditaciones tiene un elevado. Esto podría generar una brecha de «calidad percibida» entre las universidades con recursos disponibles y las que solo puedan permitirse una acreditación internacional en un único momento.
- Soberanía de datos: Al depender de marcos externos, el país cede parte del control sobre qué indicadores definen «el éxito» de sus futuros profesionales, los datos e indicadores son compartidos con la agencia extranjera y la ¿agencia pública nacional?
CONEAU y el CONEACES y las agencias reconocidas
Para dar orden a esta apertura, el SINEACE ha dado dos pasos fundamentales en paralelo a este reconocimiento: el CONEAU y el CONEACES han publicado sus respectivas listas de agencias acreditadoras extranjeras reconocidas y compatibles. Esto implica que el proceso de reconocimiento sería automático, lo cual es una ayuda enorme para las oficinas de calidad de las universidades, reduciendo incertidumbres a la hora de elegir la agencia extranjera y además evitando caer en agencias sin reconocimiento internacional.
Una úlitma reflexión sobre el tema, y es que cuando se acredita internacionalmente, no solo están en juego los estándares de calidad, sino la visión educativa que cada país desea para sus instituciones.
Un ejemplo claro es el debate actual en USA sobre los estándares de inclusión, diversidad y equidad (DEI). Este es un caso perfecto de visiones educativas enfrentadas que podrían no calzar exactamente con la realidad o las prioridades locales. Por ello, aunque una acreditación internacional otorga un prestigio innegable, la acreditación nacional siempre debería estar primera en consideración, al ser la que garantiza la pertinencia con nuestra propia realidad social y normativa.
Listado agencias CONEAU (ver)
Listado agencias CONEACES (ver)
